
Las musas me visitaron por primera vez en mi época estudiantil, en el instituto para ser más exactos. Recuerdo que hubo un concurso como cada año, por San Jordi, todos los alumnos podían participar en ese concurso, había dos opciones prosa o poesía y en dos idiomas castellano o catalán.
Yo escogí escribir en catalán y poesía, nunca antes había escrito, pero ese año las musas me acompañaban donde fuera y se quedaron a mi lado algunos años, iban y venían libres como el aire, siempre con ideas frescas, pero ese año ese primer año de su presencia el único tema era el amor y el desamor, quien no recuerda a su primer gran amor, a un amor idealizado y en mi caso totalmente platónico.
En caso de participar en poesía, tenias que presentar cinco poesías, lo más gracioso es que me presente sin saber que escribir, me senté en mi escritorio delante de una hoja en blanco tan blanco como estaba mi mente en ese momento y entonces poco a poco mi mano empezó a escribir sin saber lo que escribía, tranquila segura y para qué negarlo enamorada o eso creía yo en aquel entonces.
Jamás pensé que ganaría y lo que mucho menos imagine es que si ganaba la poesía ganadora se leería en voz alta, creo que jamás he pasado tanta vergüenza. Pero gane, me lleve mi radiocasete de doble platina, radio y altavoces extraíbles, todo sea dicho en aquel momento era increíble y caro, eso si cuando leyeron la poesía creí que me moría, por suerte para mi él no estaba presente, así que aunque luego leyó la poesía no vio mi cara de vergüenza.
Después de aquello, las musas regresaron al año siguiente y porque deje el instituto sino hubiera vuelto a ganar el primer premio. Y cuando eso acabo se fueron, a veces venían de visita y volvía escribir aquello que ellas me susurraban al oído, pero entonces se fueron, desaparecieron de mi vida y por más que lo intente no regresaron.
Deje de oír sus susurros, dejaron de llenar mi mente de palabras y mis manos dejaron de escribir, hasta hace poco.
Un día sin darme cuenta empecé a escribir otra vez, volví a escuchar sus susurros, sus risas infantiles y frescas, revolotean otra vez a mi alrededor, vuelan por la casa y cuando me siento delante del ordenador y abro el Word ellas vienen a mi lado, no siempre me susurran palabras hermosas, pero siempre tienen algo que decirme.
Han vuelto a mi lado, hasta ahora no me había dado cuenta de lo que las echaba de menos., añoraba sus risas, su imaginación, sus ideas. Siguen desapareciendo a ratos pero en cuanto empiezo a escribir ellas regresan a mí. No me dejéis tanto tiempo otra vez.